El de las bodas

He entrado (bueno, en verdad llevo unos años ya) en eso que llaman “edad casadera” y tengo alrededor un montón de amigos que o bien ya han pasado por el altar o están preparando sus bodas.

Me encantan las bodas. Igual es porque nunca he preparado ninguna, pero me encantan y normalmente me lo paso genial. Que sí, que lo de elegir hasta de qué color van a ser las servilletas y qué forma tendrán los tenedores del pescado debe ser estresante y que el tema de los precios tampoco relaja, pero a mí es que me gusta mucho mandar. Soy mandona y organizadora.

Al margen de la liturgia del sacramento del matrimonio, que sí me da un poco de pereza y prefiero los rituales paganos al aire libre o a la americana, en serio, me encantan. Y me gusta ponerme mona, aunque haya veces que sí es verdad que nos veamos muy disfrazadxs.

Está claro que cada una tenemos un gusto y no seré yo quien diga a nadie cómo tiene que vestir. No voy a hablar de colores, ni de largos, ni de escotes,  ni de chales, porque a cada una nos gusta una cosa y, lo que es más importante, a cada una nos queda bien una cosa. Pero por favor, como consejo: ABOLICIÓN YA DEL LOOK DE MISS UNIVERSO. Abolición por Decreto-Ley si es necesario. Los ojos pintados con colores nacarados hasta las cejas y los semirrecogidos cardados con ondas, rizos, tirabuzones y pasadores con brillantitos…  Que te falta el coronón y pedir la paz en el mundo, cari. ESO NO ES BONITO. ES QUE SI TE PONES ASÍ TE VOY A CRITICAR. Y que conste que el problema del semirrecogido es cuando lo lleva todo. Este look también tiene otra vertiente a la que llamo “de Reina del baile de promoción” que tampoco es de mis favoritos… Pues eso, que te pones muy de boda de manual protocolario y parece que vais todas iguales, leñe, y eso, que te voy a criticar.

Porque vamos a ver, seamos claros, lo más divertido de ir de boda (además de la barra libre si la hay) es criticar. Si algún comentario hacemos sobre alguien que conoces que va un poco pintas, ¡imaginad sobre la gente que no conocemos! Y a esto, (gracias, Mark Zuckerberg) Facebook ayuda mucho.

A ver, que levante la mano quien no haya visto la foto de un contacto que se va a una boda y se ha puesto a escudriñar todo el perfil hasta hacer un análisis exhaustivo de todas las fotos en las que ha sido etiquetado su contacto. Incluso de las que no ha sido etiquetado. Porque yo soy la primera.

¡Si es que las bodas molan! Comes como una bestia porque todo el mundo come como una bestia en las bodas (aunque hayas estado toda la semana de antes a crema de verduras y ensalada de tomate y pepino), fumas porque todo el mundo fuma en las bodas (porque eso está claro: Tú sólo fumas en las bodas. Tus padres son felices creyéndolo y tú eres feliz creyendo que lo creen), bebes porque todo el mundo bebe en las bodas… Y bailas porque todo el mundo baila en las bodas. Y si no bailas en una boda es porque eres un rancio. Pero rancio, rancio, con erre mayúscula y pronunciándola muy fuerte, que se oiga mucho. Como si fueras la madre de Alaska cuando le dice “tontorrón” a Mario Vaquerizo.

Porque podemos ir de finas y de emotivas, pero la idea de una boda es vestirte medio mona y ponerte hasta el ojete…

En las bodas y este tipo de saraos con música para todas las edades es donde te das cuenta de que no eres tan modernilla. Que sí, que en casa sonarán grupos estupendos que cantan en inglés y cuyos discos aún no han salido al mercado pero que tú ya conoces, (porque eres la más moderna entre las modernas) pero en una boda suena Devórame otra vez o Achilipú, y te vuelves loca. Y lo das todo. (A mí me pasa especialmente con Tu calorro, de Estopa; que siempre me descubro bailando sola, a mi aire, y dando vueltas como si fuera Massiel, y con Volare. Y con Abanibi aboebe que es mi canción favorita del mundo). Y como en vez de DJ, haya una orquesta, a la que te has dado cuenta estás en el escenario imitando a la Carrá y hasta pones acento italiano. O con el micrófono en la mano. O las dos cosas.

Eso es así, y los pimientos son asaos…

Además, que si no te gustan los sacramentos, los rituales paganos, vestirte medio mona, comer, socializar, hacer regalos  y sorpresas, ¡siempre podéis ir a una boda por el simple hecho de poneros como Las grecas! (que cuando suenan, también te vienes arriba. No disimules)

Así que este post de lo dedico a Patri A. y Víctor S. que dan el paso este fin de semana. La vuestra es una fiesta a la que debería ir con falda voladora, que los bailes prometen. ¡¡Que el sábado seamos nosotros los felices y vosotros, SIEMPRE!! 🙂

PD: El resopar es MUY importante y en ocasiones vital. 🙂

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