El de “hoy me he levantado un poco beligerante”

Tengo un culo que no me lo merezco. Lo sé. Bueno, no es que no me lo merezca, me lo merezco porque no hago nada por cambiarlo.
Mis muslos se rozan entre sí desde que tengo uso de razón y mis piernas son como dos columnas del Partenón. Igual de gruesas, quiero decir, no de duras y estoy segura de que pesan lo mismo. Tengo lo que viene siendo un muslamen.
Tengo estrías y celulitis desde los 13 años. Las varices vinieron después, a eso de los 15 más o menos, y no se van a ir; por mucho bullying que les haga y mucha mirada que les eche declarando que no son bien recibidas. Sí, cuando sea vieja llevaré medias de esas que son del color de Groucho y que parecen leggings de lo gruesas que son, antinosequé y antinosecuántos, para la circulación.
Tengo unos gemelos que parecen trillizos y mi barriga es redondita, la mayoría de las veces.

Bueno, pues me encantan los pantalones cortos. Y las faldas de vuelo. Y cuantas más flores tengan, o más lunares o más lo que sea y más retro y altos de cintura sean, más me gustan. También me encantan los bikinis estampados y cincuenteros, esos que tienen unas bragas como la faja de Bridget Jones.

Sé que estas prendas “solo quedan bien si tienes buen cuerpo”. Lo sé, de verdad. En serio que lo sé. No hace falta que nadie lo repita cuando coja una y sonría emocionada, en una tienda cualquiera, o suelte un sonidito de alegría cuando vea una en una revista.
Pero sinceramente, me la trae al pairo. Totalmente al pairo. Que os peten el hojaldre si no os parece bien, porque me da igual.

Por esa regla de tres, para no mostrar mis vergüenzas, debería pasarme el verano en vaqueros, con pantalones bermudas por las rodillas como si fuera una jubilada alemana y llevar un traje completo de buzo cada vez que piso la playa.

Y ya os digo que no.

Si no os gusta lo que veis, que es muy respetable, por supuestísimo, mirad a otra, que hay mucha gente para mirar. Más mona, más alta y mejor vestida. Y puede que hasta con mejor pelo.
Yo como mucho me preocuparé de ponerme un viso debajo del vestido si creo que transparenta, que mis amigos son muy perras y seguro que o se lo callan o me dicen a gritos que llevo las bragas negras.

Por cierto, tengo unos pantalones de campana en el armario que todavía me caben y voy a sacarlos y ponérmelos.

¡Ah! Y TENGO PATAS DE GALLO. Pero es que todas las amigas que tengo de 30 años en adelante las tienen. Y tan pichis, oye.

Que tengáis buen día.

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