El de lo que ahora mismo te deseo

Solamente te deseo una cosa: que sueñes conmigo.

No es una metáfora, no es una forma de hablar ni una expresión romántica: Quiero que literalmente sueñes conmigo, con sueños muy lúbricos, inundados de sudor y jadeos, besos, gemidos, todo lenguas, uñas, bocas y dientes. Y espaldas marcando arcos imposibles.

Quiero que sueñes cosas muy privadas, muy guarras. Espero que follemos como animales, que sea tan sucio e intenso que te despiertes alterado y que o bien ya no puedas dormirte o, si ha sonado el despertador, pases todo día pensando en mí y en lo que hicimos, con un algo en las tripas que te ponga muy nervioso.

Espero que sea uno de esos sueños que te dejan alterado y caliente todo el día, de los que te pasas arrastrando toda la jornada y sólo recordarlo te pone la carne de gallina.

Quiero que vayas cachondo todo el día.

Te deseo un sueño de esos que te resulte imposible contar a alguien, de tan íntimo que fue, y tan vívido que no puedas ni mirarme a la cara pero que en cambio, desees volver a meterte en la cama por si volvemos a coincidir. Espero que disfrutes.

En verdad sólo te deseo cosas buenas.

El del duelo

Ya sé qué se siente cuando se muere un amigo. Un amigo al que le gustaban las lentejas, el tomate y la sandía más que cualquier otra cosa. Aunque fuera un amigo que no podía hablar, te escuchaba y muy bien, y trataba de animarte a su manera cuando estabas triste.

Pero era un amigo.

No conozco a todos los perros del mundo, así que no debería afirmarlo, pero para mí Groucho era el mejor perro del mundo. Y el más guapo, aunque objetiva y evidentemente esto último no fuera cierto; pero es lo que tiene el cariño por lo tuyo, ¿verdad? que siempre es lo más bonito, lo más guapo, lo más listo, lo más divertido y lo mejor.

Era otro en mi familia. En casa éramos cinco, como en cualquier familia en la que se ha tenido mascota, que pasa a contar como uno más.

Sólo puedo decir que espero que estos (más de) 15 años que has estado con nosotros hayas sido feliz. Nosotros lo hemos sido, mucho; aunque a veces te portaras regular y me vacilaras casi todas las mañanas, muy temprano. Luego pedías comida rascándome con la pata zurda y me daba la risa. Fuiste el primero, y lo primero siempre deja una pequeña marca en tu corazón.

Te he querido la mitad de mi vida. Siempre te querré y te echaré de menos; y espero que allá donde vayas, si es que hay algún sitio, haya muchos palitos para que puedas morderlos todos. Espero que haya alguien lanzándotelos, porque si no te pones muy pesado pidiéndolo…

Un último estrujón hasta que reniegues y buen viaje, amigo. Hace ya un mes que te has ido y seguimos tristes.

Puede que haya a quien esto le parezca una ida de olla, una exageración o una salida de tiesto… pero eso es porque nunca ha tenido y perdido una mascota.

Groucho

La primera foto de Groucho, en diciembre de 1999 y uno de sus posados, en marzo

“Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y tuvo todas las virtudes del ser humano y ninguno de sus defectos”

(Lord Byron, para el epitafio de su perro)